Las lecciones que nos dejó el plebiscito

Octubre 10, 2016

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can you buy clomid over the counter in australia Viajé a Colombia con la ilusión de vivir de primera mano el día histórico en que la ciudadanía asumiría su parte en este proceso de negociación y acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC. Llegué contagiada de la emoción que parecía vivir el país. Como muchos, el domingo 2 de Octubre me desperté temprano y no dejé que el clima me intimidara. Salí vestida de blanco a votar queriendo grabar ese momento en mi memoria para siempre. Con el certificado electoral en la mano no pude evitar las lágrimas de ilusión mezclada con angustia por este país que duele e inspira a la vez.

 

En la tarde de ese mismo día viajé a la otra Colombia, la que queda muy lejos de Bogotá a pesar de estar solo a 30 minutos de vuelo. Cuando aterrizamos ya habían empezado los conteos y pasé rápidamente de la convicción de que ganaría el SÍ aunque fuera por un pequeño margen, a la certeza de que todos los esfuerzos no habían sido suficientes y que una vez más nos había faltado el centavo para el peso. El atardecer del gran cielo llanero fue tan dramático como el momento. Y con ese dolor de país que el cuerpo ya reconoce, tuve claro que el compromiso con el que voté esa misma mañana para construir un país en paz, con justicia social y respeto a las diferencias; seguía intacto y quise compartir el sentimiento.

 

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El primer instinto fue mantener la cabeza fría y hacer un llamado a no profundizar la polarización, y estar abiertos a la autocrítica y los aprendizajes. Los resultados finales fueron contundentes, y dejaron claro que mientras menos del 40% de la ciudadanía se divide en dos visiones profundamente polarizadas de país, más del 60% no se siente interpelada. El nivel de abstención, el más alto de los últimos tiempos, indica que algo estamos haciendo muy mal cuando intentamos incluir a esa parte de la ciudadanía en la conversación. Para lograrlo tendríamos que empezar por intentar saber quiénes son y qué temas sí están discutiendo.

 

El segundo aprendizaje me lo dieron los jóvenes que me acompañaban esa tarde señalando que la campaña del SÍ se había montado con una visión urbana y racional que no tenía en cuenta que hay muchos lugares donde la gente no sabe leer, no le gusta leer, no entiende lo que lee, o simplemente no tiene tiempo para leer por estar sobreviviendo. Para rematar la alternativa era ver los videos pedagógicos que circularon por redes sociales, que también es un mundo desconocido para muchos.

 

Mientras tanto, el poder de movilización de los líderes del NO se subestimó totalmente. Usaron iglesias y plazas públicas en todo el país para diseminar sus posiciones, muchas de ellas diseñadas desde la religión para manipular ciudadanos incautos que seguramente no tenían suficiente información para tomar una u otra posición. Y ojo que no estoy diciendo que la religión sea el problema; siempre he defendido que hombres y mujeres tienen derecho a elegir y practicar su religión de manera libre. Lo peligroso son las personas fundamentalistas que mezclan la religión con la política para imponer sus creencias a toda la sociedad, y más cuando lo intentan hacer a través de tácticas mezquinas. Precisamente por esta razón, para mí el tercer aprendizaje es que el gobierno debió haber involucrado, y todavía está a tiempo de hacerlo, representantes de comunidades religiosas que tengan una legitimidad intachable como el Padre Francisco de Roux. Así como el Presidente Santos involucró a respetados generales dentro del proceso de negociación para que le ayudaran a socializar los acuerdos entre las filas militares, es necesario hacer algo similar con las comunidades religiosas.

 

El cuarto gran aprendizaje, es que ninguna de las partes preparó un plan para el escenario donde el plebiscito no se aprobara. La definición misma de estrategia es diseñar una serie de acciones que buscan alcanzar un objetivo, en un contexto incierto, y por lo tanto, estratega que se respete debe preparar todos los escenarios posibles. Pero ninguna de las partes lo hizo y de ahí la sensación de limbo e incertidumbre que arrastramos desde el domingo.

 

La quinta enseñanza que me queda, es la importancia de validar los sentimientos de todas las personas. Puedo entender por qué el miedo, la sensación de injusticia, la dificultad para perdonar, el desasosiego y la desconfianza llevaron a muchos a votar NO. También puedo entender la ilusión, las ganas de que el país cambie, la esperanza, y el anhelo de reconciliación de quienes votaron SÍ. Y alcanzo a imaginarme, que quienes no votaron partían de la incredulidad, la desconfianza a las instituciones, la indiferencia y el escepticismo. Todos esos sentimientos son válidos y pueden entenderse en el contexto colombiano. Seguramente, una campaña menos enfocada en la racionalidad y más dirigida a validar los miedos, ilusiones y desconfianzas compartidas hubiera sido más efectiva.

 

Ganó el NO y el lunes en la mañana tuvimos que procesarlo en común, con un grupo de jóvenes que trabajan con el objetivo de que las comunidades locales tomen las riendas del desarrollo de su propio territorio. Hablamos de lo que sentimos, de lo que aprendimos y de lo que nos comprometíamos a hacer como ciudadanos frente a ese proceso de paz truncado. En medio de la desilusión y el miedo a reiniciar una guerra sin sentido, encontré en ellos la mejor fuente de inspiración para no decaer. No estamos perdidos si las comunidades de las veredas del departamento donde el NO obtuvo el más alto porcentaje en el país, son capaces de construir su propia definición de convivencia, haciendo un llamado a: “vivir juntos sin tener que fingir lo que no somos, ni querer ser más que los demás. Si somos unidos, convivimos en una sola fuerza.” ¡Cuánto tenemos que aprender de esas comunidades! Ellas no necesitan leer ningún acuerdo para saber lo que necesitamos para reconciliarnos y convivir entre diferentes. Ahora, estoy subiendo al avión que me llevará de regreso a Madrid, mientras me llegan fotos y videos de estudiantes tomándose las plazas del país. Me estremezco. Así es mi Colombia encuentra trocitos de grandeza entre los escombros de la tragedia.

http://www.cromos.com.co/especiales/mujeres-y-paz/las-lecciones-que-nos-dejo-el-plebiscito


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